Se casa con el magnate: ¡ex ciego, adiós!
Isabela Montalvo ocultaba su identidad de heredera millonaria y llevaba cinco años casada con Lucas Vidal, quien la colmaba de cariño y atenciones.
En su quinto aniversario, su abuelo finalmente cedió y le permitió regresar a la familia con su esposo para heredar el negocio familiar.
Pero justo en ese momento, Isabela descubrió un secreto devastador: Lucas no solo la amaba a ella, sino que también estaba profundamente enamorado de su asistenta Valeria Salas.
Todo lo que Isabela tenía —el lugar de esposa, el cariño— también lo tenía Valeria.
Y aquello que ella anhelaba sin poder alcanzarlo —un hijo— Valeria ya se lo había dado.
En los últimos treinta días, Isabela comprendió por completo la falsedad tras la aparente devoción de Lucas.
—Un mundo para tres es demasiado estrecho —dijo, secándose las lágrimas—. Mi lugar se lo dejo a ella. Lucas, no volveremos a vernos.
Dos años después, la ciudad estaba cubierta por una intensa nevada.
Lucas se arrodilló humildemente frente a la imponente entrada de la casa de Isabela, cubierto de nieve:
—¡Isabela! ¡Me equivoqué! ¡Por favor, no me abandones! ¡No puedo vivir sin ti!
Isabela, tomándole el brazo de otro hombre, salió con serenidad.
El hombre se inclinó, con una ligera sonrisa burlona:
—En su mundo, ya no hay lugar para ti.