El intermediario del deseo
En Velas Negras, las viudas jóvenes pertenecen al silencio.
Durante el año de luto, ningún hombre puede hablarle directamente. Toda palabra debe pasar por un intermediario, repetida en voz alta frente al pueblo, convertida en espectáculo antes de llegar a sus oídos.
Cuando Emilio de la Torre muere la noche en que descubre a su esposa con otra mujer, Sofía sabe exactamente lo que el pueblo espera de ella: culpa, lágrimas, y doce meses de penitencia silenciosa.
Lo que no esperaba era al intermediario que le asignan.
Andrés de la Torre. El hermano menor del difunto. El único hombre que siempre supo que su matrimonio fue una transacción. El único que nunca la miró como esposa de otro. Y el último que vio a Emilio con vida la noche del acantilado.
Durante un año entero, cada palabra entre ellos deberá pasar por labios ajenos. Cada pregunta. Cada acusación. Cada confesión repetida en voz alta frente a quienes ya la condenaron.
Pero cuanto más prohibido se vuelve hablarle… más adicta se vuelve a escucharlo.
Y cuanto más lo necesita… más cerca está la verdad que podría destruirlo.
Porque la muerte de Emilio no fue un accidente. Y Sofía tiene un botón de metal con una inicial grabada que lo prueba.
Velas Negras es una historia sobre el deseo que crece exactamente donde no debería, sobre la tradición como jaula y como arma, y sobre la diferencia devastadora entre querer saber la verdad y poder vivir con ella.