CAPÍTULO 44.

El aire fresco de la mañana la envolvió cuando salió del hospital, pero ni siquiera eso fue suficiente para calmar el torbellino que llevaba dentro. Arthur había insistido en llevarla al Roca Sombra, lejos de Kael y los suyos, al menos hasta que estuviera mejor. Lina no discutió. ¿Para qué? Su mente estaba hecha un caos.

El trayecto fue silencioso, pero su cabeza era un grito constante.

Kael.

Su nombre latía en su pecho, en su piel, en cada rincón de su ser.

Cuando finalmente llegó a su habitac
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