CAPÍTULO 45.
Llevaba horas allí, inmóvil, esperándolo. Al principio, la rabia y la determinación la habían mantenido firme, recordándole que tenía derecho a respuestas, que no podía seguir ignorando la verdad que tanto la atormentaba. Pero conforme el tiempo pasaba y el frío se colaba por su piel, una sensación distinta comenzó a instalarse en su pecho: la duda.
Se abrazó a sí misma, frotando sus brazos en un intento inútil de conservar el calor. Su respiración se entrecortaba cada vez que el viento susurra