Narrado por Dante
El sonido suave de unos golpes en la puerta me hizo abrir los ojos. No recordaba en qué momento me había dejado vencer por el cansancio, pero el dolor en mis músculos y el ardor en mis párpados me decían que apenas había dormido. El cuarto estaba en penumbras, y por un segundo pensé que había soñado.
—Dante… —su voz llegó apagada, frágil, como si se quebrara en cada sílaba.
Me tensé al instante. Karina. Estaba allí, del otro lado, tan cerca que podía imaginarla apoyada en la m