Narrado por Karina
La mañana llegó sin pedir permiso, colándose por las cortinas con una luz pálida que me obligó a abrir los ojos.
No había dormido mal, pero tampoco podía decir que descansé.
Había soñado con cosas que no quería recordar: la risa de Teo, un pasillo interminable, y una puerta que no se abría por más que empujara.
Desde la cocina llegaba el sonido de cubiertos y un olor leve a pan tostado.
Me quedé unos segundos mirando el techo, intentando decidir si quería empezar el día con e