Narrado por Karina
No sé cuánto tiempo pasó entre el momento en que Dante apoyó su frente contra la mía y el instante en que nos quedamos en silencio, envueltos en un abrazo que parecía querer decir más de lo que cualquiera de los dos se atrevía a poner en palabras.
El reloj de pared marcaba las once y media, pero en mi cabeza era como si la noche todavía estuviera empezando. El calor de su cuerpo, el sonido pausado de su respiración contra mi oído, la forma en que sus manos me acariciaban la e