Narrado por Karina
El amanecer se coló por las persianas entreabiertas, tímido, como si tampoco se atreviera a romper el silencio. Me quedé sentada, observando cómo la luz acariciaba los contornos de su rostro todavía agotado, como si buscara restaurarlo, devolverle algo de lo que había perdido.
No dormí en toda la noche.
No porque no pudiera, sino porque no quería. No quería cerrar los ojos y perderme ni un segundo de su presencia. De ese momento extraño, frágil y doloroso que compartíamos sin