Narrado por Karina
La puerta se cerró tras de mí con un leve clic, y el silencio de la oficina quedó suspendido como un eco que no me siguió.
Caminé por el pasillo sin mirar atrás, como si pudiera borrar con cada paso el peso que había dejado en ese cuarto.
Mi corazón latía con fuerza, pero no de esperanza ni de alegría. Era un latido cargado de resignación, de una tristeza que no necesitaba palabras para expresarse.
Sabía que Teo me quería, aunque el tiempo y las heridas nos hubieran puesto en