El amanecer en la mansión Fernández fue distinto aquel día. Isabella despertó temprano, no por ansiedad, sino por la serenidad de saber que los tiempos de lucha quedaban atrás. Cuando bajó las escaleras, encontró a su padre, Armando, revisando unos documentos en silencio, con una taza de café humeante a un lado.
—¿Lista? —preguntó él sin levantar la vista, aunque una sonrisa delataba la emoción contenida.
—Lista —respondió Isabella, ajustándose la chaqueta beige que había elegido para la ocas