La noche estaba tranquila. Demasiado tranquila.
Las luces exteriores de la mansión Fernández titilaban con un ritmo casi imperceptible. Isabella observaba desde el ventanal de la biblioteca junto a Elías y su madre, Sienna. La cena había sido calmada, todos se habían retirado a sus habitaciones o zonas de vigilancia, pero Isabella sentía algo...
Un zumbido. Como si el aire cargara electricidad estática.
—¿Lo sienten? —susurró, tensa.
Elías asintió, llevándose una mano al pecho. Desde