La sala de contención bajo la mansión Fernández estaba diseñada para resistir cualquier intento de evasión. Muros de aleación reforzada, cámaras térmicas, y campos inhibidores de señales lo aislaban del mundo. Sentado al centro, esposado a una silla metálica y con el rostro ensangrentado, se encontraba el rehén, un agente clave del Trono Escarlata.
Isabella lo observaba desde detrás del cristal con los brazos cruzados. Su rostro era una máscara de hielo, pero sus ojos, intensos, temblaban de