El rostro de Cael se iluminaba con la luz azul del núcleo. Su piel, pálida y marcada por cicatrices frescas y otras antiguas era imposibles no notarlo, su piel parecía más sintética que humana.
—Fuiste creada para resistir, pero no para superarme. Y yo, fui creado para dominar —dijo, avanzando, lentamente —. Pero ambos nacimos de lo misma creación. ¿No ves que somos lo único real en este mundo corrupto, tu y yo podemos gobernar, como los mismísimos dioses?
Isabela no respondió. Su mirada