NARRADO POR ELIZABETH
Me despierto con una sensación tan intensa que, por un segundo, no sé si estoy en un sueño o en el eco físico de una fantasía cumplida. El cuerpo me duele, pero no es un dolor desagradable. Es un ardor lento, exquisito, como si mis músculos conservaran la memoria exacta de cada embestida, de cada caricia, de cada mordida que compartimos anoche.
Abro los ojos despacio. La habitación aún huele a nosotros: a sexo, a piel caliente, a sudor y deseo. Las sábanas están arrugad