NARRADO PO ELIZABETH
A la mañana nos levantamos temprano, pero hoy me sentía cansada, muchos recuerdos comenzaban a invadirme, pero intenté ignorar absolutamente todo, ignorar las amenazas e ignorar mi dolor.
Esperé hasta que él llegara del trabajo, cuando llegó me acerqué a él para abrazarlo.
Dimitri no me soltó de inmediato. Su abrazo era un muro, un escudo, y, al mismo tiempo, una jaula suave de la que no sabía si quería o podía escapar. Sentía su calor a través de la ropa, el latido de