NARRADO POR ELIZABETH
Suelto el móvil como si me quemara los dedos.
La amenaza aún vibra en mi pecho, latiendo como un segundo corazón que no me pertenece. Me recuesto contra la almohada, tratando de controlar el temblor que me recorre la piel. Respiro hondo. Una, dos, tres veces. Necesito calmarme. Necesito pensar.
Pero no puedo.
Porque justo cuando estoy a punto de cerrar los ojos, siento algo.
Una mano.
Grande, firme, cálida.
Reptando por debajo de la sábana, desde mi muslo hacia arriba, co