Tu sueño lo era todo.
26 Señor, no puedo aceptarlos. Melany los rechazó, no obstante, su estómago hizo un ruido fuerte.
—¡Parece que no desayunaste! Ángel elevó una de sus cejas al contestar.
—¡Qué pena con usted! Las mejillas de la joven eran más rojas que un tomate maduro. Sintió vergüenza de que su estómago seguirá frente al presidente de la compañía.
—¡Toma asiento! En ese momento Ángel hizo algo que dejó a Melany sin palabras. Él se había puesto de pie y jalo la silla para que ella se sentará, luego puso su