No voy a caer.
Quince minutos después, el cansancio la venció y cuando Ángel volteó, se dio cuenta de que se había dormida. Así que la cubrió con su abrigo, y bajó el aire acondicionado.
—Rubén, conduce más despacio, no tengo prisa. Ángel también reclinó el asiento y cerró los ojos.
*******Mientras tanto, en el aeropuerto, un joven salió del lugar y abordó un taxi. El joven era de piel trigueña, sus ojos son de color café, y la barba bien recortada.
—¡Caballero, déjame en el hotel Empire, escuché que es el