Los viñedos.
Por suerte, el niño la reconoció, en cuanto la vio.
—¡Salí por un vaso de agua, pero no logré regresar! Luis se sintió apenado, nunca ha visitado el edificio y se perdió.
—¡Suele pasar, no le digas a nadie, pero en mi primer día, también me perdí, no encontraba mi oficina! Melany le mintió para que el niño no se sintiera mal.
—¡Te llevaré con tu tío, así que no sueltes mi mano! Los tacones de Melany la hacían verse aún más alta, y en cuanto se puso de pie, el niño levantó la cabeza y le dijo.