—Hola Diana, ¿te sorprende verme? — la mira directo a los ojos.
Una flor cae de las manos de ella, la confusión inunda sus pensamientos.
—Sebastián, ¿Qué pretendes? Con razón no te dejabas ver por mí.
Una risa malévola es la respuesta, los empleados trabajan dentro de la mansión.
Los guardias de seguridad han salido a su hora de almuerzo.
Todo parece haber conspirado a favor de Sebastián.
Él intenta acercarse a Diana y ella retrocede dos pasos.
—Vendrás conmigo Diana, te haré pagar todo lo que