Capítulo 25: No más galletas de miel.
Al salir de la habitación de Pía, no puedo evitar sentir un mezcla de dolor y felicidad extrema. Yo sé que ella me ama, que su corazón es mío todavía, pero está dolida por todo lo que sucedió entre nosotros en los últimos cuatro meses. Bajo al primer piso y me encuentro con mis tíos.
—¡Ángello, hijo! —dice mi tía, se acerca para abrazarme y besa mis dos mejillas—. Pero que cambiado estás, te ves… —me toca los brazos y eso me hace reír—. Es que ya no pareces el chico de antes, te ves más hombre.