Nada más al subirme al auto dejo que las lágrimas corran sin prohibición, pongo las manos en mi vientre, sin dejar de pensar que estoy rodeada de hombres traidores. Esteban parte en silencio, sin decir mucho y es mejor que no lo haga, porque quiero matarlo.
Ángello se fue, dejándome sola con la culpa de haberlo engañado, sin dejarme explicar lo que pasó. Me juzgó y sentenció de una vez. Esteban, que se supone será mi esposo, me delató de inmediato, no esperó nada para decirle a Ángello que es e