Estamos sentados en el jardín de la casa con Esteban, el acaricia mi vientre, tratando de sentir a los gemelos, pero no puede hacerlo porque mis hijos simplemente no se mueven.
—Hasta yo misma tengo problemas para hacer que se muevan, pero tanto mi padre como… él, no tienen ni un problema.
—¿Has visto a Ángello de nuevo? —me pregunta serio.
—Sí, ha venido todos los días. Sólo habla con los bebés, me pregunta si necesito algo y luego se va. Además, me pidió ir al siguiente ultrasonido, quiere ve