Ardiendo en ti. Epílogo
—Por favor, Aíne, no le enseñes sobre esas cosas a mi hermanita —le suplico a mi mujer, pero ella no me escucha.
—¿Qué tiene de malo? —me dice sin inmutarse—. Es mujer, está explorando su cuerpo, algo completamente normal y es mejor eso, a que lo haga con más de un chico, ¿verdad suegrita?
—Toda la razón, de hecho… yo también tengo algunos, a tu padre le encanta torturarme con ellos…
—¡¡Mamá!! —gritamos Enya y yo al mismo tiempo.
—Pero qué niños, empiezan conversaciones de adultos y después se