Ardiendo en ti. Capítulo 8: Campo de castigo
Luego de treinta y seis horas de vuelo, llego a Dublín con el trasero cuadrado, cansado y adolorido. No es fácil para un chico de mi estatura viajar en asientos tan incómodos… ¡y nunca tomé un vuelo comercial en mi vida!
Mi madre, en su afán de seguir castigándome por mancillar su templo de relajación y retiro, no dejó que mi padre organizara el vuelo en el jet de la empresa. En su lugar, me compró un boleto sólo de ida en clase económica.
Un viaje que me tomaba unas diecisiete horas, me llevó