CAPÍTULO 40. ¡Misión cumplida!
Sammy se miró aquel vestido que Ángel había roto de una vez hasta por encima de las rodillas.
—¡Maldición, el trajeado engaña! —murmuró Lory impresionada—. Algo debe tener debajo del trajecito cuando te hizo eso. ¿Me lo puedo quedar?
Sammy puso los ojos en blanco con una sonrisa.
—Puedes, pero te advierto que tiene una asistente posesiva —murmuró Sammy mientras se cambiaba de ropa.
—Oye, solo como nota importante, la luz del cuarto del abuelo Martin todavía está encendida —dijo Lory y Sammy buf