CAPÍTULO 25. Su peor pesadilla
—No te muevas, princesa…
Sammy estaba hecha un ovillo sobre la mesa de la terraza, medio aturdida entre el cansancio, el sueño y el éxtasis, mientras Darío estaba sentado en una silla frente a ella, mirándola como si fuera de oro y no parara de brillar. Le apartó el cabello de la cara y cuando la vio sonreír el primer pensamiento que le llegó a la cabeza fue: «¡Es una puñetera loca!».
Sammy abrió los ojos y lo miró. Se había puesto el pantalón de nuevo y estaba acariciándole el cabello con una