Blake Stewart
El reloj de pared de la sala marcaba las tres de la tarde con una parsimonia irritante. Llevaba horas intentando convencerme de que esta paz era lo que necesitaba. Vi una película clásica cuyo final ya conocía, revisé mi correo personal esquivando cualquier asunto de Empire por puro miedo a la reacción de Logan, y jugué tres partidas de solitario en la tableta. Incluso hablé con Jagger, quien desde Chicago parecía más un aliado que un hermano, prometiéndome que pronto estaría aquí