Capítulo cuarenta y tres.
¿Mi bebé?
Antonella
Abrí mis ojos al sentir el dolor en mi hombro, era una sensación incómoda, pero tolerable.
—No se mueva, señorita, tiene el hombro herido.
Pestañeé varias veces antes de girar el rostro para ver a la enfermera… ¿Enfermera?
Los recuerdos recientes se precipitaron por mi cabeza, la persecución, el abuelo al volante, Dante protegiéndome con su cuerpo.
—¡Dante! —grité.
—Guarde la calma —pidió la mujer.
Abrí los ojos, sintiendo el miedo correr por mi cuerpo, haciendo que mi garga