Capítulo cuarenta y cuatro.
¿Dónde está el abuelo?
Dante.
El dolor de cabeza era insoportable, era como si alguien estuviera taladrando mi cráneo desde el interior. Como si arrancaran pedazos de mi cerebro…
—¿Dante?
La voz de mi abuelo se abrió paso entre la bruma y el dolor. La oscuridad iba y venía, era una sensación horrible.
—Dante, despierta, cariño, por favor.
Unas manos acariciaron mi rostro, intenté apartarme de aquel toque áspero y descuidado.
—Déjalo, Dante despertará cuando tenga que hacerlo, no ganarás nada co