Capítulo cuarenta y seis.
Reencuentro.
Antonella.
Apreté con fuerza la perla entre mis manos, mi bebé y la lágrima de Hércules era todo lo que me quedaba de Dante, habían pasado tantos días, no me había movido de Amalfi esperando su regreso, pero cada día fue un golpe a mi corazón, él no volvería, ellos no lo dejarían volver…
—¿Antonella?
Me giré al escuchar la voz del hombre, Orlando Russo, el hombre que el abuelo aseguró era mi padre.
—Hola.
—¿Qué sucede? —preguntó—Me sorprendió tu llamada —dijo.
No sabía cómo empezar