Adam detuvo la caminata hacia el bar de la casa, también oyó el timbre, así como las palabras de Germán.
Miró hacia ningún punto en específico y liberó un corto suspiro, la tensión amenazaba con volverlo loco.
—¡Bienvenidos! —saludó el anfitrión. Su voz un poco lejana de la sala, ya que se encontraba en la entrada para personalmente recibir a sus invitados—. Por favor, adelante. Me alegra mucho verla, señora Bakir. —Adam cerró sus ojos, aún sin moverse, ni girarse—. Espero que ya se encuentre