Ya era común sentir malos presentimientos. La zozobra por lo que podría ocurrir (la misma que otorgaba el mentir u ocultar cosas, o los disfraces que debían usar, las máscaras) era pesada, ya no se soportaba. Jaya debía hacer algo pronto. «Debo viajar», pensó. «Debo salir de este país, ir a Bombay, visitar el hotel y trasladarme a las tierras que fueron de mi familia, buscar lo que mamá me contó y acabar con todo». Lo tenía decidido, y también decidió que estaba harta del drama que era su vida.