No había avanzado nada, ni con el reportaje definitivo sobre las becas que le entregaría a Octavio, ni con la investigación. Esta última no progresaba, en parte porque no sabía de donde tirar para hallar más pistas y, por otra parte, porque mi mente regresaba una y otra vez a Julián y la llamada desde ese bar.
Miré ansiosamente hacia la entrada de la sala de redacción, Verónica no llegaba tampoco.
Quizá mi historia de amor estaba por terminar. Recordé las palabras de ella días atrás.
«Quizá eres tú la que no sabe nada de Julián» Había dicho ella cuando la enfrenté en la sala de descanso aquella mañana. «¿Te has preguntado si eres el intento desesperado de un hombre deprimido y solitario por olvidar a su verdadero amor, la que lo dejó a los pies del altar?»
Ella había estado muy segura de que Julián todavía la amaba. Resoplé frustrada. No quería seguir pensando en sus palabras que me hacían dudar de él.
Unos veinte minutos después, Julián entró. Lo primero que hizo fue dirigirse a mi c