La Fundación Horizontes funcionaba en un discreto edificio al este de la ciudad. Estacioné el auto y bajé de él. En la entrada me registré y el muchacho de la recepción me informó que la oficina de la señora Jimena Alcalá, vocera de la Junta directiva de la Fundación, se encontraba en el piso tres.
El edificio era uno cualquiera lleno de oficinas, donde además de la Fundación Horizontes funcionaban bufetes de abogados, varios consultorios médicos y oficinas contables.
Las cosas cada vez me pare