Cuando me casé con Emilio era muy joven, una niña deslumbrada por un hombre mayor, apuesto, inteligente y elegante, con más experiencia que yo. Dejé que su personalidad y sus prioridades me eclipsaran. Llegué a existir solo en función de él y sus deseos. Vivía para complacerlo, jugando a la casita, a tener un hogar bonito, una hija bien cuidada, un marido atendido y feliz.
¿Y de qué sirvió anularme?
Ahora estaba frente a Julián que me veía expectante por lo que tenía que decirle. Volvía a esta