Escuché a Tania sin poder creer lo que decía. La cabeza me daba vueltas, sentía un vacío bajo mis pies.
—¿Entiende lo que le digo, señora? —preguntó la mujer del otro lado de la línea.
Julián me miraba con el ceño fruncido, sin comprender.
—Sí. Ahí estaré —respondí y la llamada terminó.
Bajé el teléfono y me dejé caer en la silla.
—Camila, ¿qué ocurre?
—Era Tania. —Mi voz sonaba extrañamente calmada cuando por dentro estaba gritando—. El juez ha convocado una audiencia urgente para revisar el r