Julián estuvo a mi lado cuando fuimos a poner la denuncia formalmente a la estación de policía. Su abogado, amable y muy profesional, se encargó de los trámites engorrosos. Aunque no pudo evitarme el mal trago de recordar el horrible momento cuando tuve que declarar.
Afortunadamente, Julián llegó a tiempo y ese hombre no me hizo todo lo que pretendía.
A pesar de las dulces caricias y los besos de la noche anterior, los recuerdos continuaban asediándome
—¿Qué te parece, Camila? —La voz de Juliá