El vestido que usaría aguardaba sobre la cama, sonreí emocionada al verlo. Hacía unas horas atrás, Julián y yo fingiríamos ante los medios tener una relación, pero ahora sería real. Él me presentaría como su prometida y yo no podía estar más feliz.
Me puse el vestido: un diseño de líneas sencillas en satén dorado que se amoldaba con gracia a mi cuerpo sin ser vulgar. Era de tirantes y la espalda quedaba descubierta desde la mitad.
Julián tocó la puerta.
—Adelante —dije y él entró justo cuando