Camila
Sí, tenía miedo a fallar otra vez, la herida que Emilio había dejado continuaba fresca, pero también sabía que la tensión entre Julián y yo era insostenible. Vivíamos en la misma casa, trabajábamos dentro de la misma oficina. ¿Cómo se suponía que seguiría evadiendo lo que sentía por él?
Más me valía enfrentarlo.
Acordamos que nuestra relación —ahora real— avanzaría a mi ritmo, Julián no me presionaría.
Bajo la fría superficie de hombre estricto, distante y exitoso, se escondía alguie