Capítulo 58. Mi marido es sobreprotector.
Cuando el auto se detuvo, Lizbeth despertó, apartando su rostro del pecho firme de su esposo ficticio, enfocando su mirada en la de él para perderse en esos ojos ambarinos que la miraban con devoción, pero reflejaban tanta tristeza que le provocaba un deseo intenso de llorar.
—Debiste regresar a la casa a descansar cuando te lo pedí. Te ves exhausta y no quiero que te pase nada— le reprochó Sebastián con voz ronca por el sueño, y con la mirada cargada de preocupación recorría su rostro, captan