Capítulo 59. ¡No mostraré piedad!
—Sebastián, ¡detente! — rogó Sergio, asustado, mientras levantaba una mano en señal de calma hacia él.
Los cristales se estamparon contra sus zapatos, y aterrada, caminaba hacia atrás mientras veía a Sebastián avanzar hacia ella como un demonio sediento de sangre. La anciana nunca se había sentido tan atemorizada a pesar de haber presenciado la ira de Sebastián en ocasiones anteriores; sin embargo, esta era la primera vez que percibía claramente su deseo de causarle daño.
—Sí, muchacho terco, e