Capítulo 57. ¡Deja a mi madre en paz!
A pesar de su airado semblante, Lizbeth, que avanzaba con la furia de un animal salvaje, al enterarse de lo ocurrido con su suegra, se detuvo de golpe. Con un movimiento tieso, giró sobre sus talones.
—¿Cómo...? ¿Atropellada?, ¿mi madre?— preguntó Sebastián entrecortadamente, con la mirada perdida, incapaz de asimilar lo que su padre le comunicaba.
—Sí, acaban de llamar del hospital, debemos ir ahora— le solicitó Sergio con un tono urgente y desesperado.
—¿Sebastián, puedo acompañarte?— inquiri