Estaba en enmudecida, Fray trataba de despertar a su madre. El cuchillo aún estaba en su pecho. Estaba inmóvil, ella había muerto.
—¡Mamá! ¡Mamá! ¡Mamá! —Espetó Edon.
—Myriam no puede morir —exclamé. Me puse de pie y me dirigí hacia ellos.
—¡Aléjate! Tú eres la culpable —gritó Fray—. Te vi como enterrabas el cuchillo en su pecho.
—Eso, no es cierto, no fui yo. —exclamé. Escuchaba a Fray y no podia creer que me acusara de esa manera.
—Pues no había nadie más en la habitación cuando ingresé.