—Pero ¿qué pasó aquí? —Llegamos a una parte del bosque en donde muchos árboles estaban en el suelo. Como si alguien los hubiera arrancado desde su raíz.
—Quién lo hizo tuvo que tener mucha furia. —mencionó Ada.
—¿Ada? Tú que haces aquí.
De pronto vi a Edon sentado en el suelo y su espalda recostada en un árbol.
Corrí hacia él. —¡Edon, Edon! —exclamé. —Mi amor estás bien, ¡Edon! Por favor, responde. Al fin él abrió sus ojos y me miró —. ¿Estás bien? —volví a preguntar.
—Si, si, si. —Se lev