CAPÍTULO 37
—¿En dónde estabas? —preguntó Ada, quien se encontraba en el jardín tomando el desayuno con Myriam.
—Decidí salir a practicar un poco —indiqué. Quité el bolso de las flechas que llevaba en mi espalda.
—Edon es muy bueno —habló Myriam. «Ya lo sabía, básicamente me había humillado» —. Le deberías pedir que te ayude a mejorar. Desde pequeño le encantó y se volvió especialista, incluso es el entrenador de nuestros guerreros.
En definitiva, no eran mentiras las de Edon cuando me comen