Ella se revolvía en la cama, incapaz de conciliar el sueño. La rabia que sentía por Knut y sus tonterías le hacía dar vueltas en su mente, como si estuviera atrapada en un carrusel sin fin. Se recordó a sí misma que debía relajarse y dormir algo, pues al día siguiente tenía que ocuparse de las tareas domésticas y preparar el almuerzo para Klas.
Pero apenas logró cerrar los ojos unos minutos, cuando se despertó de nuevo, empapada en sudor y con el rostro en llamas. Fue entonces cuando se dio cue