Knut abrió los ojos y se sintió lleno de energía. Se incorporó en la cama y se estiró con gusto. A su lado, su esposa dormía plácidamente, con el rostro de porcelana apoyado en la almohada de plumas. Su respiración era suave y regular, como una melodía. Se inclinó sobre ella y le dio un beso en la frente, y luego otro, y otro más. No quería dejarla, pero tenía que ir a trabajar. Se levantó con cuidado y se vistió.
Al bajar a la sala de estar, se encontró con un escenario de abundancia. Había so