Se sentía solo y amargado en la fiesta. Se había refugiado en una esquina, donde bebía un vaso tras otro de licor, sin ganas de hablar con nadie.
Sus amigos lo miraban con burla y compasión.
—¿Qué te pasa, Knut? ¿No estás feliz de tener a tu segundo hijo? Parece que estás bebiendo licor como si fuera agua —le dijo Monk, uno de los más bromistas.
Knut lo fulminó con la mirada, sintiendo una herida en su corazón. ¿Acaso ellos sabían la verdad?
Él no podía explicarles su situación, por lo que se