Knut acarició el cabello de su esposa mientras que con la otra le colocaba una pastilla gris seca en la boca. No esperó a que ella rechistarara, rápidamente le acercó un vaso de agua. Astrid bebió el agua y la medicina, haciendo una mueca de disgusto.
—Knut, qué amargo es esto…—susurró—. Es horrible.
Knut dejó el vaso a un lado y no pudo resistirse a besarla en los labios, saboreando el amargor para liberarla del sufrimiento del gusto feo. Se separó solo cuando estuvo seguro que nada más incomo